SAMUEL SALCEDO

A medio camino entre el juguete y la escultura, realistas y truculentos como en la tramoya de un teatro, los personajes de Samuel Salcedo (Barcelona, 1975) desatan nuestra imaginación llevándola directamente de los dominios de la literatura fantástica, el cómic y el primer cine, al del teatro de marionetas y las fiestas populares, y de ahí, de vuelta a ese arte de última hora cuyo cuestionamiento recae con fuerza en la identidad del hombre actual. Como otros tantos artistas que viajan por el amplio carril de la figuración contemporánea (Enrique Marty, Eugenio Merino, MP&MP Rosado…), Salcedo maltrata el cuerpo humano, humillándolo, mutilándolo, afeándolo e incluso obligándolo a existir más allá de la vida en esas cabezas-luna que apila como patatas en un cubo. Junto al dominio de los materiales industriales, destaca su gran capacidad imitativa de formas, texturas y tonalidades, así como el verismo de las expresiones faciales y corporales de sus personajes. Aplicando inteligentemente la lógica de la máscara, el maquillaje y el disfraz, Samuel Salcedo aborda la anomalía, el sentido del humor -en los exhibicionistas cobijados en las cabezas de Minnie y Micky Mouse-, lo abyecto y hasta se burla de la vida -con esas cabezas-tocón que sacan irritadas la lengua-, firmando una fresca, mordaz, tierna y muy humana galería de monstruos.